Mito de la Creación Arhuaco.

Al principio, en la formación del mundo, siendo un estado de tinieblas desde mucho antes de aparecer nuestro Padre Sol -Kaku Bunkuaku- y nuestra Madre Luna -Atytima- para dar luz al mundo, de cómo se había formado nuestra primera Madre la tradición, donde fue formándose la tierra se denomina el cerro Elunmake Gunllunmake. Allí fue donde empezó la creación de cuantos seres debían de existir en el mundo entero y fue el origen de nuestra primera población con su sangre roja y blanca de quienes son cuatro Madres y cuatro Padres. Estos seres existieron en Espíritu antes de formarse el mundo, y en esta forma espiritual vinieron, dando sus nombres para representarnos como nuestros primeros Padres y nuestras primeras Madres.
Desde entonces, ellos se hicieron amos de la sangre que circula en nuestras venas, nuestro cuerpo y en nuestros cabellos, y así existen entre los hombres y mujeres, lo cual quiere decir que ellos fueron nuestros primeros autores, Padres y Madres primitivos.
El mundo, para formarse en un principio, el creador en espíritu fue el mamo Ñiankua y otro hermano menor que se llama Kaku Serankua, los verdaderos constructores, empezando la obra en forma de un caracol. En esta forma se fue engrandeciendo, a medida que se iba esparciendo fuera de un peñasco por todos los lados hasta llegar la formación de las cordilleras y las altas serranías, pero tierra de producción y vegetación, no había aún.
Entonces, vino otro ser en Espíritu, de igual manera y con poder también que se llama Yuga -hermano Nansiki- y él se llevó al amo de las serranías, de los picos y nevados del punto que hoy mencionan como el Páramo de las Papas. Este es un ser potente, de sabiduría y virtuoso que nadie podía contenerlo o levantarlo según el peso que él mismo contenía. Con el buen trabajo y la lucha, hizo el esfuerzo para transformar el mundo, ayudado por Kaku Serankua quien representa a un Dios de todos, según la historia de las tradiciones, desde el comienzo del mundo, hasta quedar formado tal como ha quedado por los creadores mencionados: Mamu Ñiankua, Kaku Serankua y Yuga Mansiki.
Después de formado el mundo, Kaku Serankua estudió cómo conseguirse cuatro Simunu, unas varillas color de hierro llamadas Yuisimanu, y escogió para el sostén del mundo cuatro deidades de oro en reliquia, a imagen y semejanza de él. Los designó para ser dueños de los temblores y los colocó de Norte a Sur y de Este a Oeste, o sea en los cuatro puntos cardinales. Estas deidades, transformadas en Espíritu de gran potencia son quienes sostienen el mundo por las cuatro puntas de las varillas, que están colocadas para que no se derrumbe nunca jamás y permanezcan por siglos y siglos, hasta el confín del mundo.
Esto quiere decir, que son los seres designados para promover la acción del temblor de tierra, quienes están permanentemente sosteniendo el peso del mundo; la referencia de los temblores es muy significativa, ya por causa o como consecuencia de la humanidad en general.
Seguidamente, el padre Ñiankua quien hizo el mundo, también dio el principio de cómo debía construirse el mundo entero. Ahora, la que se destinó para bautizar las casas de tamaño grande o pequeño, o de la forma que quisieran construirla, fue nuestra madre Ronarivan y nuestro Padre Kakuno Anas, el hijo de ellos llamado Geinnkinamaku fue quien bautizó las serranías y los puntos históricos y también le dio el nombre a todas las cosas que se habían creado. Los grandes cerros que se formaron en un principio, son denominados como Kankuruas Sagradas. Son siete y están representando el amor de todas las demás Serranías que encierra el mundo entero.

Mito narrado por los Mamos de la Sierra Nevada de Santa Marta (Colombia) José Francisco Zalabata, Juan Marcos Pérez, Norberto Torres, Gregorio Pérez y Arua Viku.