Mito de la Creación del mundo del pueblo Barí

Cuentan que antes la tierra era oscura, sin orden. Todo era un caos  y nada tenía una forma precisa. Entonces de la región por donde ahora se oculta el sol llegó Sabaseba con su familia. Allá vivían. Sabaseba, con mucha curia y paciencia, trabajó modelando la tierra hasta darle orden. Así la tierra obtuvo su forma actual: llana y con un sentido para que corran las aguas y la puedan habitar y disfrutar los animales, la gente, los bosques.

Cuando Sabaseba ordenó la tierra comenzó la vida: caía la lluvia
y las nubes viajaban por los cielos, y el trueno retumbaba; ya se veía
al arco iris llenar el aire de color. Y se hizo de día con el sol y con la
noche vino la luna.
Este dios Sabaseba trabajó mucho, como lo haría un barí, y cuando
tuvo hambre cortó piñas. De la primera piña que partió salió un
barí hombre, de la segunda una mujer: Barira y de la tercera un niño:
Basurita.
Todos ellos alegres. Esta primera gente ayudó a Sabaseba en
su trabajo de arreglar y ordenar el mundo.
Ellos, además, enseñaron a los barí las artes y los oficios: pescar,
cazar, construir un bohío, tejer las cestas, hacer los chinchorros y los
vestidos.
Los animales, la otra gente que no es barí y muchos otros seres que
no son gente ni animal, son dioses y espíritus buenos y malos, salieron
todos de las cenizas de una vieja que mató a su nieto, lo asó y se lo comió.
Entonces los padres del niño la mataron y la quemaron, y luego
esparcieron esas cenizas. De ellas nacieron los blancos, los negros, los
yuko-yukpa, los guajiros y muchos espíritus.
Por último, Sabaseba les dio a los barí reglas de respeto entre ellos y normas de comportamiento.