Mito de la creación Pueblo Inga.

En el tiempo primigenio toda la tierra estuvo a oscuras.
Ya estaba poblada de todos lo seres incluyendo el hombre. Pero éste carecía de inteligencia y erraba a tientas buscando alimentos
Realizando una tarea, los hombres tropezaron con el bejuco de Yagé, lo partieron justo a la mitad y le dieron a probar a las mujeres y ellas tuvieron la menstruación.
Cuando los hombres robaron se quedaron extasiados viendo cómo el pedazo que les sobró empezó a crecer y a trepar hacia el cielo.
Poco a poco las sombras tomaron contorno y las siluetas empezaron a dar pequeños detalles y vieron que en el cielo el Yagé penetraba una flor inmensa que, al ser fecundado, se transformó en un color distinto.
Todos somos los mismos hombres porque todos salimos de los trozos de la misma boa. Todos los grupos somos iguales como iguales fueron los pedazos en que repartió la gran culebra. Tanta fue la prudencia en el reparto que el trozo central, donde la boa es más gruesa, no se tocó en la distribución, sino que cortando desde los dos extremos hacia el centro, al llegar a la parte gruesa se la dejó intacta para no cometer injusticias.