Mito de la creación pueblo Kogui.

“Antes no había tierra y sólo había mar. Había mar en todas partes y no salió
nada de tierra. No había gente, ni animales, ni matas. Pero arriba, en las nubes,
en el cielo estaba Eluitsáma, la Madre. Ella bajó un día y cuando vio al mar se
bebió la mitad del agua. Así había mitad agua, mitad tierra”.
Entonces la tierra era como ceniza blanca y no sirvió. Entonces la cambió otra
vez y entonces la tierra era buena. Entonces Eluitsáma estaba contesta. Subió
al cielo y trajo semillas y sembró en la tierra ñame, yuca, batata. Fríjol y malanga.
Pero entonces había sólo matas de sembrado y no había árboles. No había
guayacán, ni guayabo, ni aguacate macho, ni manzanillo, ni alumero, ni quina,
ni marambú, ni bejuco. No había palo para hacer arco y flecha. Así Eluitsáma
subió al cielo y trajo semillas de macana y de caña. Pero no había caña para
carrizo. Así subió otra vez y trajo la semilla. Entonces dijo: “¿qué más falta? Ya no
falta nada”.
Antes del amanecer, la Madre mandó a todos, a gentes y a animales a hacer
su casa. Algunos las hicieron bien, otras mal. Cuando amaneció, todo se paró y
se quedó como estaba entonces. Entonces la pava Sáldula-hábue (o Núbahábue),
que era una Hija de la Madre gritó: “Ya amaneció”.
Entonces el marido de Eluitsáma se llamaba Seráira y éste mandó bajar a la
tierra a su hijo Eluihuíku. Como Eluitsáma ya estaba cansada y vieja, ella dijo al
hijo: “Ahora tú toma la herencia”. Así el hijo se fue a tumbar monte y a sembrar.
Cogió mucha cosecha. Él sembró cada mata en su lugar. Entonces dijo
Eluitsáma: “Vamos otra vez al cielo”. Así dijo a toda su familia. Entonces su hijo
que se llamaba Hirvuíxa, dijo: “Yo me quedo aquí”. Entonces no había
enfermedades en la tierra por que todas las enfermedades estaban en las
plantas, en el cielo. Hirvuíxa se quedó y se enfermó y así había enfermedades
en la tierra. Eluitsáma se fue al cielo con los otros hijos y allá esta todavía.
También Seráira está allá.
“Los primeros indios vinieron así: el primer indio era hijo de Eluitsáma y entonces
se llamaba Kakahuíku. Entonces vino Sintána que enseñó a la gente a hacer
telas y vestidos y ollas. Entonces vino Duginávi y Nyíueldue y Noána-sé y
Kashindúkua y Ambuámbu y Námaku. Los dos últimos se quedaron también en
la tierra y repartieron la tierra entre indios. A cada uno dieron su tierra: a los Cogí,
a los Guajiro, a los Chimila y a los civilizados. Pero no había animales en el
mundo. Así Eluitsáma hizo primero un tigre grande y luego uno chiquito y otro
más chiquito y así. Entonces hizo las culebras y la primera era muy grande y
comía gente. El primer tigre se llamaba Dikuíjiname, el más chiquito era Gaxtiáu,
luego Tsingulú, luego Dipanti, luego Kárldabe, luego Neb-táshi, luego Neb-futo,
luego Neb-tséshi y luego Neb-sésh y luego Kuinoáldyi y Nebbi-abuldo. La primera
culebra era Nunkálda-takbi, luego Sái, luego Kamaualdyi, luego Saua-núkua,
luego Tákbi-atáshi, luego Mulduxa, luego Nyi-géldanlunsu, luego Gyé-takbi,
luego Nyí-takbi, luego Húlda-takbi, luego Ka-kaldua-gauxa y luego Hi-jin-sé. Todo
eso pasó en Takína. Entonces no había mujeres en la tierra. Las mujeres había
solo en el cielo y todos los hombre tuvieron que subir al cielo para conseguir
mujer. Allá están Eluitsáma y Seráira. Ellos no comen nunca pero viven siempre”.

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