La planta conocida popularmente en mi territorio como “cabalonga” (Thevetia peruviana, sinónimo Cascabela thevetia) es más que un arbusto ornamental en el territorio del Sinu: para las mujeres medicinas, Ceteras, y sanadoras Sinuanas, es una aliada tanto medicinal como espiritual.

Esta planta es más frecuente encontrarla de flor amarilla, pero también existen variedades de flor anaranjada Thevetia peruviana ‘Aurantiaca’ y otra menos común de flor blanca la Thevetia peruviana ‘Alba’.

Medicina Tradicional Sinuana:
En el saber tradicional de mi comunidad, esta planta se emplea de múltiples modos:
• Para purgas y expulsión de parásitos, mediante decocciones de partes específicas de la planta que se administran en pequeñas dosis y en intervalos determinados, ayudando a “limpiar el estómago”, combatir lombrices, parásitos y candidiasis.
•Para regular y mejorar la presión arterial se usa la semilla de forma externa.

• Para cataplasmas externas, ciertas partes machacadas de la planta que se aplican para aliviar dolores, desinflamar tejidos o desinfectar heridas.

• Para usos más puntuales: la savia lechosa (látex) a la que llamamos leche (sale al arrancar hojas) se emplea para eliminar “ojo de pollo” (verrugas) o para aliviar el dolor de muelas picadas.
Medicina Espiritual y ritual

Más allá del cuerpo físico, la cabalonga tiene un papel en la cosmovisión de mi pueblo:
• Se planta en la entrada de la casa o se mantiene cerca del hogar para proteger el espacio: se dice que “espanta a las brujas”, impide que energías negativas o maleficios se acerquen.
• El cocimiento de hojas o flores se utiliza en limpias, rituales de armonización, para sacar “el daño del cuerpo”, “mal de ojo”, “mal aire ” maldiciones o hechicerías.
• Las semillas secas, se emplean en la Cetería: como collares, brazaletes o instrumentos musicales en rituales del monte. Su sonido —cuando las semillas se agitan— es para dirigir el ritmo de las ceremonias, como símbolo de protección, se sacuden durante el baile para alejar a los malos espíritus, sonido que se considera como “agua que fluye”, conexión con lo natural, lo acuático, lo ancestral.

Estos rituales corresponden a una tradición viva donde la planta tiene doble función: medicina y amuleto, limpieza y música, protección y canto.
Conexión con otros pueblos originarios
A nivel más amplio, la cabalonga ha sido documentada en múltiples comunidades latinoamericanas:
• En Mesoamérica es usada en la medicina popular como purgante, para fiebre, para problemas dentales y cutáneos. Se encuentra en Mexico bajo el nombre de Ayoyote, Chilca, Bacuà, Amancay.
• En los Andes y Amazonía, su uso es externo, y en algunos contextos rituales como planta de poder (aunque con gran precaución por su toxicidad).
• Los estudios científicos registran que la planta contiene glucósidos cardiotónicos potentes, que justifican tanto su efecto (potencial medicinal) como el riesgo (toxicidad)… lo cual exige respeto y saber especializado.
• En la península ibérica es común encontrarla en las Islas Canarias bajo el nombre de Adelfa amarilla.
Otros nombres:
Arbol de Panama, Hueso de fraile, nuez de la india, Haba de San Ignacio, Campanilla amarilla, Campanelo de Filipinas, Cataloga, Castaña india.
Así, mi comunidad forma parte de esta larga cadena de saber tradicional donde la planta es guardiana, medicina y canto vivo.
Gracias a los saberes Ceteros, muchas comunidades sinues están rescatando un fragmento significativo de saber Zenú , del cual muchas veces se dice que “se ha olvidado”. Pero como mujeres medicinas Ceteras, lo mantenemos vivo: la cabalonga en la puerta de la casa, en la limpia, en la música ritual.
Comparto para recordar que el saber no sólo cura cuerpos, sino preserva culturas.
