El aceite ancestral de las bayas de laurel: medicina antigua de la tierra

Desde los tiempos antiguos de la tierra mediterránea, cuando las abuelas recogían las plantas mirando al cielo y escuchando el lenguaje de la luna, el laurel ha sido considerado un árbol de poder. Su nombre botánico es Laurus nobilis, y ha acompañado durante siglos a los pueblos de Europa como protector, purificador y medicina del cuerpo.

En muchos territorios de la península ibérica —Galicia, Asturias, Cantabria, el País Vasco, Castilla y también en algunas zonas del Mediterráneo— se conservó durante generaciones un remedio profundamente respetado: el aceite o manteca de bayas de laurel.

La Floración (El despertar)

Suele ocurrir entre marzo y abril. El laurel es una planta dioica (hay pies machos y pies hembras). En primavera, las flores aparecen en pequeños ramilletes amarillentos o blanquecinos. Es el momento en que el árbol despierta y comienza a gestar lo que más tarde será la medicina.

La Salida y Maduración de las Bayas

Este es un proceso lento que dura prácticamente todo el año:

  • Aparición: Tras la polinización en primavera, aparecen las bayas verdes, pequeñas y duras.

  • Maduración: Durante el verano crecen, pero no es hasta el otoño cuando realmente maduran.

  • Punto óptimo: Las bayas pasan del verde al negro brillante entre octubre y noviembre.

La Época de Recolección (El momento de la «Gracia»)

Para elaborar la manteca o el aceite de bayas que te dejo mas abajo, la tradición marca:

  • Finales de otoño e inicios de invierno: Generalmente entre noviembre y diciembre.

  • Es fundamental que la baya esté negra, brillante y algo blanda al tacto, señal de que los aceites y la laurina están en su máxima concentración.

Las bayas negras del laurel, cuando alcanzan su madurez, contienen una riqueza natural de aceites y resinas aromáticas. Por eso las abuelas sabían que dentro de esas pequeñas semillas oscuras habitaba una medicina poderosa. De hecho, ya en la antigüedad el médico y botánico griego Pedanio Dioscórides describía el uso medicinal del laurel en sus escritos, señalando su valor para aliviar dolores y tratar diferentes dolencias.

La medicina de las bayas de laurel

Las bayas maduras del laurel pueden contener hasta cerca de un 30 % de aceite graso, además de aceites esenciales aromáticos. Esta riqueza natural permitió que durante siglos se elaborara un aceite medicinal utilizado en la medicina popular mediterránea, el resultado era una sustancia densa, a veces más cercana a una manteca que a un aceite, que se conservaba en frascos o pequeños tarros en las casas.

El aceite de bayas contiene laurina, una grasa sólida a temperatura ambiente que es la que le da esa textura de manteca y su color verde oscuro profundo. Es mucho más potente para el reuma que la simple maceración de hojas.

Este preparado se utilizaba principalmente de forma externa, aplicado sobre el cuerpo en friegas o masajes.

Entre sus usos tradicionales se encuentran:

-aliviar dolores reumáticos y artritis

-reducir inflamaciones musculares

-tratar golpes o torceduras

-aliviar dolores en las articulaciones

-ayudar en afecciones de la piel

-combatir piojos y problemas del cuero cabelludo

En muchos hogares también se aplicaba caliente sobre el pecho y la espalda durante los resfriados o bronquitis, pues el calor del aceite y el aroma del laurel ayudaban a abrir el pecho y relajar el cuerpo.

Lo que diferencia a esta manteca de otros aceites es la presencia de la laurina. Mientras que las hojas nos dan el aroma y la limpieza, la baya encierra la estructura, la grasa madre que penetra hasta el hueso. Es una medicina de ‘calor seco’, ideal para cuerpos que han acumulado el frío y la humedad de los inviernos en sus articulaciones.

Así, el aceite de laurel se convirtió en una de esas medicinas silenciosas que acompañaban el invierno en muchas casas.

Cómo se prepara el aceite de bayas de laurel

La preparación tradicional es sencilla, pero requiere respeto por los tiempos de la naturaleza.

1. Recolección de las bayas

Las bayas se recogen cuando están maduras, son de color negro o morado oscuro, generalmente entre el otoño y el inicio del invierno.

2. Machacado

Las bayas se machacan en mortero o piedra hasta romper su piel y liberar sus aceites.

3. Cocción

Después se colocan en agua o en aceite de oliva y se dejan hervir suavemente entre 30 y 60 minutos.

4. Extracción del aceite

Durante la cocción las grasas de las bayas suben a la superficie.

5. Filtrado

Se recoge esa capa aceitosa y se filtra con un paño o tela. (Yo lo hago con gasa)

6. Enfriado

Al enfriarse, el aceite se vuelve más espeso, tomando una consistencia parecida a una pomada o manteca.

En algunas recetas antiguas también se añade:

-cera de abeja, manteca animal ò aceite de oliva para elaborar una pomada medicinal más estable.

Otra forma tradicional: la cataplasma

Además del aceite, también se prepara una medicina sencilla en forma de cataplasma.

Las bayas se machacan, se calientan ligeramente y se aplican en un paño caliente sobre: articulaciones doloridas, músculos tensos o el pecho durante los resfriados

El calor y los aceites naturales del laurel ayudan a aliviar el dolor y a relajar el cuerpo.

Nota: el aceite de laurel es muy potente y puede irritar pieles muy sensibles. Siempre prueba en una zona pequeña. Si buscas esa potencia curativa máxima, espera a que las primeras heladas toquen el árbol; ese frío «empuja» la esencia hacia el fruto. Y, por supuesto, si puedes, hazlo coincidir con la luna menguante de finales de otoño para que la medicina sea realmente profunda.

La luna y la preparación del remedio

Aunque los manuales médicos modernos rara vez lo mencionan, muchas tradiciones rurales de la península ibérica siempre han asociado la recolección de plantas medicinales con los ciclos de la luna.

En el caso del laurel, la costumbre más repetida era preparar el aceite durante luna menguante.

Se dice que en esta fase la fuerza medicinal de la planta es mayor y los aceites estarán más concentrados, por eso en luna menguante se prepara con frecuencia: aceites medicinales, pomadas y maceraciones curativas.

En algunas zonas del norte también se siguen recogiendo las bayas en luna llena de otoño, pues se cree que en ese momento el fruto alcanza su máxima madurez y su poder protector.

En las tierras de Toledo, mi Maestra siempre me recordaba que la Luna Menguante no solo concentra el aceite, sino que ‘limpia el veneno’ del dolor. Prepararlo en este tiempo asegura que la medicina no solo desinflame, sino que ayude al cuerpo a soltar lo que sobra, ya sea un fluido estancado o una tristeza que se hizo nudo en la espalda.

El laurel como planta de poder

Más allá de su uso medicinal, el laurel ha sido una planta profundamente simbólica en todo el Mediterráneo.

Se le ha asociado durante siglos con la protección espiritual, la purificación, la victoria y la fuerza interior. El laurel «abre caminos» porque es una planta solar (Apolo).

Por eso en muchas casas el aceite de laurel no es solo un remedio para el dolor físico. También se utiliza en friegas para retirar el cansancio, las cargas y los males del cuerpo.

En Toledo y la Mancha, el laurel no solo cura el músculo, cura el «aire» o el «espanto». Las friegas con este aceite se hacen siguiendo una dirección específica: hacia afuera del cuerpo para limpiar energías densas, y hacia el corazón para fortalecer el espíritu. 

Aceite de laurel, aceite de hipérico, aguardientes de hierbas… medicinas nacidas de la tierra y transmitidas de generación en generación. Las abuelas guardaban estos aceites como pequeños tesoros de sabiduría.

Y cuando recordamos estas tradiciones, recordamos también que la medicina de las plantas no solo sana el cuerpo; reconecta al ser humano con la memoria de la naturaleza.

Desde mi camino como mujer medicina Zenú, reconozco en estas prácticas la misma sabiduría que habita en nuestros territorios ancestrales: el respeto por la planta, por la luna y por el espíritu de la tierra, honro el poder de las semillas que caen para dar vida; aquí en Castilla el laurel me enseñó que la soberanía de la salud reside en el patio de la casa. El laurel es el puente: el sol del Mediterráneo convertido en manteca para sanar el frío.

Que esta memoria no se pierda.

Que vuelva a las manos de quienes saben escuchar a las plantas.

Y que la medicina del laurel siga caminando con nosotros.

Que la tierra te guarde,

que las plantas te hablen,

y que la medicina de los ancestros nunca abandone tu camino.

Publicado por Eletria

Medicina Ancestral viva para el alma y la Tierra. Sabiduría Zenù. Sanación Espiritual. Retorno al Origen.

Deja un comentario

error: Contenido protegido! Content is protected !!

Descubre más desde Eletria

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo