En muchos mitos, el fuego es mediador entre la naturaleza y la cultura, pero también entre el Cielo y la Tierra.
Los Sioux, Menomonis, Zorros (Foxes) y varias otras tribus indígenas que habitan el valle del Misisipi, conservan la tradición de una gran inundación en las que todos los habitantes de la tierra, excepto un hombre y una mujer, se ahogaron. Los sobrevivientes solitarios escaparon, refugiándose en una alta montaña. Viendo que en su desamparada condición necesitaban fuego, el Dueño de la Vida envió un cuervo blanco para llevárselo. Pero el cuervo se detuvo en el camino a comer carroña y dejó que el fuego se apagara. Volvió entonces al cielo a conseguir más fuego; pero el Gran Espíritu lo expulsó y lo castigó, volviéndolo negro en vez de blanco. Entonces el Gran Espíritu envió la erbette, un pequeño pájaro gris, como mensajero para llevar fuego al hombre y la mujer. El pájaro hizo como estaba ordenado y volvió a informar al Gran Espíritu, que la recompensó dándole dos barritas negras de cada lado de los ojos. De aquí que los indigenas vean al pajaro con gran respeto; nunca lo matan y prohíben a sus niños que le den caza. Más aún, imitan al pájaro pintándose dos barritas negras de cada lado de sus ojos.
El Fuego es un elemento utilizado para simbolizar el modo en que debemos expiar nuestras faltas. En este sentido, el fuego es destructor pero también purificador y abrasador.
🔥El fuego por sus llamas simboliza la acción fecundante, purificadora e iluminadora. Pero presenta también un aspecto negativo: obscurece y sofoca por su humo, quema, devora, destruye: es el fuego de las pasiones, del castigo, de la guerra.
🔥El fuego terreno simboliza el intelecto, la consciencia, con toda su ambivalencia. La llama que sube hacia el cielo representa el impulso hacia la espiritualización. El intelecto en su forma evolutiva es servidor del espíritu.
🔥El fuego humeante, todo lo contrario de la llama iluminante, simboliza la imaginación exaltada, lo subterráneo, el fuego infernal, el intelecto en su forma rebelde.
El fuego es también, en esta perspectiva, en cuanto quema y consume, un simbolo de purificación y de regeneración, de destrucción en su aspecto positivo.
