Antiguamente, las mujeres medicina no lanzaban el ramo de novia para que una sola mujer recibiera “la suerte” de casarse. Las flores eran consideradas portadoras de energía, bendición y medicina espiritual. Por eso, el ramo se compartía entre las mujeres solteras, quienes ofrecían cada flor al mar, a la tierra o a la Virgen del pueblo como símbolo de amor, fertilidad, abundancia y buenos caminos para sus hogares. Un antiguo acto de unión femenina que recordaba que la bendición debía florecer para todas.

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