Felipe II convirtió El Escorial en un espacio de sanación donde combinó ciencia renacentista y medicina natural. Rodeado de médicos como Francisco Vallés y Luis Mercado, utilizó remedios basados en plantas, aguas medicinales, caldos terapéuticos y ungüentos para la gota. Tisanes de borraja y malva, ungüento de romero y lavados de rosas fueron parte de sus cuidados diarios. El Escorial funcionó así como un centro de salud donde la naturaleza, el silencio y los saberes médicos sostenían la vida del rey.

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