A lo largo de la época de la Inquisición, en Toledo —capital de Castilla la Nueva— y en su provincia, se conocen diversos procesos contra personas acusadas de brujería, hechicería, superstición o delitos afines.

Aquí os dejo los casos más acreditados con datos históricos.
Casos tempranos (siglo XVI)
1532: En Toledo capital fue acusada Catalina de Tapia de hechicería. En ese mismo año, otra acusada fue Catalina Gómez, esposa de Juan García.
1538: Nuevamente en Toledo, aparece otra Catalina —Catalina Rodríguez— acusada de hechicería ese año, junto con Juana Hernández, costurera.
9 de junio de 1591: Auto de fe en Toledo ante el rey Felipe II. En ese acto público fueron juzgadas Catalina Mateo, Juana la Izquierda y Olalla Sobrino, acusadas de brujería, concretamente de invocar al diablo y (según los relatos) participar en infanticidio. También fue condenada por “ilusa y supersticiosa” María de Morales.
Casos en el siglo XVII
1645-1647: Proceso ante la Inquisición de Toledo por la muerte de un bebé de nueve meses. Se acusó a María González, María Bautista, y María de Cárdenas, vecinas de Madrid, de ser “hechiceras y brujas supersticiosas, con pacto expreso del demonio”. Se las recluyó, se embargaron bienes para su alimento mientras duraba la causa. El proceso fue largo y polémico.
Casos en la comarca de La Sagra y otros lugares
En La Sagra (pueblos cercanos a Toledo), se documentan varios procesos:
1628-1629, Catalina Morena, vecina de Borox. Se la acusa de hechicería.
1629-1630, María de Orduña, residente en Illescas.
1631-1632, María Castellanos, vecina de Bargas.
1698, Francisca González, vecina de Alameda de La Sagra.
Desenlaces conocidos
En muchos casos, las acusadas no fueron ejecutadas; las condenas tendían a penas menores: reclusión, destierro, penas pecuniarias o señalamiento público. La Inquisición española, a diferencia de algunos países centroeuropeos, raramente ejecutaba a personas por brujería sin pruebas muy fuertes o confesiones.
El proceso de 1645-1647 (María González, María Bautista y María de Cárdenas) terminó con encarcelamiento y embargo de bienes durante la causa; no se tiene noticia clara en las fuentes consultadas de que fueran quemadas o ejecutadas.
El auto de fe de 1591 implicaba acusaciones graves (invocación del demonio, infanticidio), pero los autos de fe muchas veces combinaban juicios sobre herejía, judaísmo, superstición, etc.; las consecuencias variaban mucho según la gravedad del cargo, la clase social y la capacidad de defensa de los acusados.
Aspectos generales observados
Predominio masculino/femenino: La mayoría de los acusados por brujería en estos procesos eran mujeres. En los estudios locales se reporta que en siglos XVI a XVIII un porcentaje elevado de los procesados eran mujeres, tanto entre curanderas como entre supersticiosas.
Motivaciones de las acusaciones: Enfermedades, muerte súbita de niños, pérdidas de ganado, rumores, disputas vecinales, comportamientos considerados extraños o marginales, prácticas curativas populares que resultaban sospechosas.
El papel de la Inquisición vs. justicia civil/señorial: La Inquisición intervino en muchos casos, pero no todos los procesos de brujería dependían de ella; algunos eran manejados por tribunales locales u órdenes eclesiásticas. La presión social y el rumor local eran motores importantes de la denuncia.
Vacíos o incertidumbres
No se dispone de una lista exhaustiva con todos los nombres de los condenados de Toledo por brujería durante toda la Inquisición; muchas causas están en archivos con acceso parcial o no digitalizados.
En muchos casos no se registra si la acusada murió, fue ejecutada, fue absuelta o cuál fue la pena exacta cuando no fue muerte.
Frecuentemente los libros o artículos muestran los casos más dramáticos o mediáticos, dejando fuera muchos procesos menores.

En resumen en Toledo, a lo largo de los siglos XVI y XVII, hubo numerosos procesos por brujería, hechicería y superstición. Se conocen nombres como Catalina de Tapia, Catalina Gómez, Juana Hernández o Juana la Izquierda, entre otros, con acusaciones que iban desde encantamientos y el uso de pociones hasta invocar al demonio o participar en infanticidio. No todos los casos terminaron con pena de muerte; la mayoría se resolvieron con sanciones menores (prisión, destierro, confiscación de bienes) o condenas simbólicas. Las mujeres fueron las principales acusadas. Las evidencias provienen de autos de fe, registros inquisitoriales, archivos locales de las poblaciones de La Sagra, Illescas, Bargas, etc. Aunque hay relatos dramáticos y populares que sobreviven en la cultura local, la documentación histórica muestra una situación más diversa y menos uniforme: acusaciones arraigadas en las tensiones sociales y las creencias de la época, más que un sistema masivo y homogéneo de persecución con ejecuciones constantes.

