En la Toledo del Siglo de Oro, la Inquisición juzgó a mujeres acusadas de brujería, hechicería y maleficio, como Catalina de Tapia o Juana la Izquierda. Entre superstición y miedo, la brujería fue reflejo de una sociedad que buscaba explicar el mal y controlar lo desconocido más que castigar con fuego.

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