La sanación espiritual estĆ” muy romantizada. Pareciera que deberĆan salir halos de luz y chispas y gotas de amor mientras nos elevamos a otras frecuencias.
Lamentablemente esto no es asĆ. Sanar es agotador, aplastante, no tiene nada de glamoroso. No se escuchan cĆ”nticos ni mantras de fondo, ni hay luces de colores.
Sanar es abrir las puertas de lo que tenemos tapado, que no queremos ver, y ver como todas las resistencias juntas se aglomeran ante la situación incómoda de cambiar.
Presenciamos como se manifiestan temÔticas de negación, el «estÔ todo bien», boicots, y muchos sabotajes.
La sanación es ardua, profunda, caótica y fluctuante, no tiene un camino recto ni hay recompensas inmediatas. Animarse es un gran acto de valentĆa, es un acto privado, Ćntimo y muy hondo.
No lo llamemos de otro modo , sanar es sanar, es ver la herida para ver los recursos a usar para atravesarla. Estemos presentes en el proceso, para nosotros mismos, armando red, dejƔndonos sostener y comprendiendo lo misterioso que puede ser, sin controlar ni esperar nada mƔs de lo que sucederƔ.
Todo es perfecto.

