Espíritu Caminante.

Para la tradición Cetera existen los espíritus caminantes, seres que fueron humanos y no trascendieron tras la muerte. Son almas que permanecen en la Tierra, vagando entre los mundos, alimentándose de las emociones humanas. Con el tiempo, estos espíritus van tomando tanta fuerza que pueden llegar a materializarse.

Los Caminantes suelen acercarse a personas que atraviesan duelos, pérdidas, tristezas profundas o estados de miedo, pues esas emociones abren grietas en el cuerpo espiritual. Aprovechando esa bajada de energía, el espíritu entra en la persona y comienza a vivir a través de ella. Lo más peligroso es que lo hace de forma casi imperceptible: la persona continúa su vida normal, pero poco a poco empieza a manifestar comportamientos o gustos que pertenecen al espíritu que la habita. Si aquel espíritu fue un borracho, la persona comienza a beber; si fue fumador, adquiere ese vicio; si fue violento o vicioso, reproduce esas conductas.

Estos espíritus no se quedan en un solo cuerpo. Van vagando de persona en persona, buscando siempre a quienes están débiles o heridos emocionalmente. Por eso se les llama caminantes, porque se mueven por distintos territorios, siempre en busca de nuevas moradas humanas.

Cuando se materializan, una Cetera puede reconocerlos fácilmente: caminan con paso rápido, sin que se les vean los pies, y conservan la ropa con la que murieron, la cual también materializan. Estos espíritus suelen estar activos en las horas malas, cuando el Sol está en su apogeo —muy fuerte y alto en el cielo— y también cuando comienza a bajar. A menudo se aparecen como personas comunes, pero con una energía fría y un silencio que hiela el aire. Suelen entrar a las casas cuando los habitantes descansan, duermen o están sumidos en la rabia o la tristeza, aprovechando ese momento para adueñarse del cuerpo.

 

El tratamiento para liberar a una persona poseída por un espíritu caminante exige un reseteo total del entorno: limpiar, sahumar y purificar la casa, cambiar la posición de los muebles, lavar los utensilios y encender candelas en los rincones. Después se trabaja directamente con la persona, aplicando baños, contras internas, soplos y sahúmos que expulsan la energía intrusa y fortalecen el espíritu propio.

Estos trabajos requieren de una Cetera experimentada, porque los caminantes son veloces y escurridizos: huyen al presentir el peligro de ser atrapados y encerrados. Por eso, antes de intervenir, se les llama con palabra antigua y rezo, para que su fuerza quede contenida y pueda devolvérsele la paz al cuerpo que han invadido.

Así se restablece el orden entre los mundos, y la persona vuelve a ser dueña de su vida y de su espíritu.

Publicado por Eletria

Medicina Ancestral viva para el alma y la Tierra. Sabiduría Zenù. Sanación Espiritual. Retorno al Origen.

Deja un comentario

error: Contenido protegido! Content is protected !!

Descubre más desde Eletria

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo